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Este incidente, forma parte de un patrón documentado de sustracciones graduales de armamento militar argentino. Los fusiles FAL, de calibre 7,62 mm, con capacidad para fuego sostenido, proceden principalmente de Fabricaciones Militares y han sido identificados en múltiples operativos brasileños. Según estimaciones basadas en incautaciones históricas, al menos 3.000 unidades de estos modelos han ingresado al mercado ilegal brasileño desde 1982, cuando excedentes de la guerra de las Malvinas se dispersaron. Su valor en el submundo criminal alcanza los 3.000 dólares por arma, superior al de pistolas estándar debido a su alcance efectivo de hasta 650 metros.

La ruta de contrabando inicia en instalaciones militares argentinas, como el Batallón de Arsenales 603 en Fray Luis Beltrán, Santa Fe, donde en 2011 se reportó la desaparición de 43 fusiles y componentes para ensamblar hasta 400 más. Estos elementos cruzan el río Paraná hacia Paraguay mediante vehículos adaptados con compartimentos ocultos, para luego avanzar por tierra hasta Río de Janeiro vía Curitiba y San Pablo. La red involucra personal castrense de Argentina y Paraguay, junto con transportistas brasileños, y se ha detectado en colaboración con facciones como el Comando Vermelho y el Primer Comando da Capital.

Investigaciones judiciales en Argentina, lideradas por el Juzgado Penal y Económico N° 2, han procesado a una docena de militares por el caso de 2011, aunque la causa enfrenta riesgo de prescripción sin condenas firmes. En paralelo, autoridades brasileñas han intensificado controles fronterizos. En 2003, la Policía Federal de ese país capturó a un operador clave e incautó 50 granadas FMK-2 de producción argentina, junto con 20.000 cartuchos. Un análisis de 7.000 armas de uso militar secuestradas en el sudeste brasileño reveló una presencia recurrente de modelos FAL con marcas argentinas, belgas y peruanas.

El operativo reciente en Río también incluyó fusiles G3, AK-47 y armas de origen venezolano y peruano, lo que subraya la diversificación de suministros en el mundo criminal. Esfuerzos bilaterales entre gendarmes argentinos y policías federales brasileños han permitido recuperar al menos un FAL en 2013 mediante intercambio de inteligencia, pero la fragmentación de causas judiciales limita avances estructurales.

Datos de incautaciones anuales muestran un incremento: de 12 granadas FMK-2 en 1995 a 114 en 2003, con picos en años de mayor vigilancia. En 2024, un allanamiento en Argentina desmanteló un taller de ensamblaje de rifles AR-15 destinados a exportación similar. Estas acciones, aunque puntuales, evidencian la necesidad de coordinación sostenida para interrumpir el flujo, que se remonta a 1992 y se aceleró en 1995 con la demanda de armamento pesado en favelas.

Autor: admin