Santa Cruz: El ajuste se disfraza de emergencia y la política elude el espejo.
Claudio Vidal enfrenta su mayor crisis: una Ley de Emergencia que prioriza el ajuste sobre el salario, mientras las sombras de la opacidad y los viejos vicios acechan su gestión.
La política santacruceña parece atrapada en un eterno retorno. Aquellas promesas de campaña de Claudio Vidal, que auguraban un quiebre con los vicios del pasado, chocan hoy contra un muro de realidad financiera y resistencia social. La reciente embestida del Ejecutivo provincial para aprobar una Ley de Emergencia Económica no es solo una movida contable; es un síntoma de desesperación política que busca, una vez más, que el costo del desorden lo pague el eslabón más débil: el trabajador. La Ministra de Gobierno, Belén Elmiger, ha salido al ruedo con un libreto clásico de la comunicación de crisis: el "encuadre de salvataje", intentando convencernos de que la soga que rodea el cuello de los gremios es, en realidad, un salvavidas. Pero el análisis quirúrgico de la situación revela omisiones que resultan, cuanto menos, inquietantes.
Resulta difícil digerir el argumento de la "necesidad imperiosa" cuando el propio Gobierno no ha pasado por el escáner de la austeridad que predica. Mientras se pide un cheque en blanco para avanzar sobre derechos consagrados y paritarias, la administración mantiene zonas grises que huelen a viejo régimen. No hay un detalle público sobre el recorte en la estructura de funcionarios o asesores, mientras que el reciente empréstito de 100 mil millones de pesos se diluye en explicaciones vagas sobre el "gasto público". El propio Gobernador admite que esa cifra es insignificante frente al déficit mensual, lo que dispara una pregunta inevitable: si el dinero no alcanza, ¿por qué la única variable de ajuste es el salario? Las sombras sobre contrataciones directas en áreas sensibles como seguridad, alimentos y servicios públicos sugieren que existen guetos de negocios que gozan de una salud de hierro mientras la provincia agoniza.
En este escenario, la estrategia oficial de enfocarse en que "no hay reforma previsional" funciona como una maniobra de distracción profesional. Al resaltar un error de apreciación inicial de los sindicatos, el oficialismo intenta invalidar el reclamo de fondo y callar que la ley, tal como está planteada, otorga facultades extraordinarias que vacían de contenido la negociación colectiva. Es el Estado asumiendo el rol de juez y parte, borrando con el codo lo que la Constitución escribió con la mano. Que la Legislatura se haya convertido en un búnker sitiado por la infantería y el reclamo social es el fracaso más rotundo del diálogo democrático. No se puede hablar de "lugar de encuentro" cuando la metodología es la imposición de mayorías sin derecho a réplica. Santa Cruz se enfrenta a una encrucijada moral: determinar si estamos ante un plan de saneamiento real o ante una transferencia de recursos desde el bolsillo del asalariado hacia el sostenimiento de una estructura política ineficiente. La transparencia no es una opción estética; es la única garantía de que la emergencia no sea, otra vez, el nombre elegante del saqueo.
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