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El esquema de financiamiento de la provincia de Santa Cruz durante las dos administraciones de Alicia Kirchner estuvo marcado por una necesidad recurrente de auxilio externo. De acuerdo con los registros periodísticos y documentos oficiales analizados, el distrito patagónico utilizó herramientas de asistencia financiera del Estado nacional para cumplir con sus obligaciones corrientes, principalmente el pago de haberes y aguinaldos. Este mecanismo de dependencia se manifestó a través de diversos instrumentos técnicos entre 2016 y 2023, donde la provincia recurrió de forma constante a los adelantos de coparticipación federal, préstamos del Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial y giros de Aportes del Tesoro Nacional (ATN) con el objetivo primordial de evitar la parálisis administrativa en contextos de alta conflictividad salarial.

El inicio de este ciclo de asistencia se remonta al cierre de 2015, cuando la entonces presidente Cristina Fernández de Kirchner autorizó un adelanto financiero para la provincia por un total de $4.439 millones. Tras el cambio de signo político en la Casa Rosada, la administración de Mauricio Macri transformó dichos fondos en un empréstito con un plazo de devolución de 14 años, una medida que generó controversias legales en los tribunales federales. Durante 2016, el Ministerio del Interior otorgó al menos cinco adelantos financieros que sumaron $1.234 millones, destinados a paliar la crisis económica local que derivó en sucesivos conflictos con los gremios estatales. En 2017, la provincia accedió a otro préstamo de $1.200 millones en un marco de negociaciones por el Pacto Fiscal nacional.

La utilización de recursos nacionales para el gasto operativo se consolidó como una práctica habitual a lo largo de los años. En febrero de 2018, la gobernación santacruceña firmó una ampliación de asistencia por más de $130.000.000 para cubrir aumentos salariales del sector docente, y un mes después se acordó un nuevo giro de $350 millones orientado específicamente a garantizar el pago de sueldos y jubilaciones. Bajo la presidencia de Alberto Fernández, la dinámica de auxilio no se detuvo; en 2020 se suscribieron nuevos convenios con el Fondo Fiduciario para sostener las cuentas públicas provinciales, sumados a transferencias de ATN por $66 millones destinadas a los municipios. Las reuniones técnicas incluyeron gestiones ante figuras como Luis Caputo, entonces titular de Finanzas, y más tarde ante Sergio Massa en el Ministerio de Economía.

Incluso tras la derrota electoral del oficialismo provincial en 2023, la necesidad de fondos nacionales persistió como una constante de la administración pública. La gobernadora saliente y su sucesor, Claudio Vidal, gestionaron conjuntamente ante el Gobierno nacional los recursos necesarios para el pago de aguinaldos de diciembre, confirmando la vigencia de un patrón de comportamiento fiscal que trasciende las pertenencias partidarias. A pesar de contar con abundantes recursos naturales, el distrito no ha logrado consolidar una estructura de ingresos propios que le permita prescindir del auxilio federal, condicionado por un modelo basado en el empleo público como eje de la política de Estado desde la década de 1990.

La reconstrucción de los flujos de fondos evidencia que la provincia de Santa Cruz atraviesa una situación de vulnerabilidad fiscal estructural. Según sostuvieron las autoridades locales en diversas etapas, la sostenibilidad de la paz social en el distrito depende directamente de la voluntad del Poder Ejecutivo Nacional para girar recursos excedentes. El desafío para la nueva administración radica en transformar este sistema de asistencia en un modelo de desarrollo productivo independiente que permita romper la inercia de la asistencia externa.

Autor: admin